César
Augusto Monroy Bocanegra
Reconocido estudioso e investigador de la danza y la lúdica, coreógrafo, realizador audiovisual, productor artístico y gestor cultural. Fue director del Área de danza del Centro de Investigaciones de Cultura Popular, ICBA, en la ciudad de Tunja. Laboró como Gerente del área de Danza del Instituto de Cultura y Turismo de la Alcaldía Mayor de Bogotá, creando eventos de gran formato como: «Ballet al Parque», «El Tango se toma a Bogotá», «Danza Mayor», «Recreo, los Niños quieren Bailar», «A Bailar con Salsa», «Danza en Espacios Insólitos», «La Esquina del Movimiento», «Asaltos Bailables» entre otros. Actualmente, es el Presidente Fundador de la Industria Creativa y Cultural Los Danzantes, entidad con la que ha sido creador de la Red Internacional Danza en Pareja, y fundador de festivales internacionales como la «Muestra Latinoamericana de Baile Folclórico por Pareja», el «Foro Latinoamericano Expertos en Danza», la «Cumbre Latinoamericana Maestros de Danza Folclórica», «Estilos, Danza en Pareja», «Los Niños de Colombia Bailan», «Los Adolescentes de América Bailan» y «Los + Pequeños Bailan».
Una vida en la danza.
Nací en 1952, en Armero, Tolima. Fui el tercero de siete hermanos y crecí entre jugarretas, risas y
cantos improvisados. Con lo que teníamos a mano inventábamos mundos: el patio de mi casa se
transformaba en un circo invisible donde la imaginación mandaba. Allí comenzaron a germinar la
recursividad y la creatividad; el cuerpo empezó a decir lo que las palabras aún no sabían nombrar, en
un impulso casi natural de bailar la vida.
En el colegio, hacia 1960, las celebraciones artísticas y culturales me abrieron nuevas puertas al
asombro. Cada acto era una pequeña ceremonia donde el movimiento adquiría sentido y donde la
música y el gesto tejían en mí una forma profunda de pertenencia.
A pesar de las voces que advertían que, si me dedicaba a ser artista, moriría de hambre, siempre supe
que mi camino estaría ligado a un escenario. Intuí que quería comunicarme con el mundo desde el
lenguaje del cuerpo, que mi voz verdadera estaba hecha de pasos, ritmos y silencios.
La muerte de mi padre, en 1964, marcó un giro profundo en mi vida. La familia se trasladó a Bogotá y,
con ese cambio, nació la urgencia de buscar un lugar donde pudiera formarme en danza. La realidad
era compleja: en aquel tiempo no existían programas universitarios para este arte. Sin embargo, la
carencia no detuvo el deseo; por el contrario, lo fortaleció.
Así llegué, en 1970, al Instituto Colombiano de Cultura —COLCULTURA—, donde el maestro
Guillermo Abadía Morales, figura fundamental del folclor colombiano, se desempeñaba como
asesor. Bajo su guía me adentré en el estudio de la teoría del folclor, no como un conjunto de datos
estáticos, sino como un universo vivo donde la historia, la memoria y el territorio dialogan con el
presente.
Por esa época inicié recorridos por pueblos y veredas del nororiente andino colombiano. Allí aprendí
de los campesinos danzantes, verdaderos maestros mayores, que me enseñaron no solo los pasos de los
bailes tradicionales, sino también las historias, los juegos, las retahílas y las formas de vida que
acompañan cada manifestación cultural. Comprendí que la evolución de las prácticas artísticas
populares depende del sentir de quienes las viven, y que toda expresión cultural se sostiene en un
delicado equilibrio entre tradición y contemporaneidad.
De esos encuentros surgió una comprensión profunda del baile tradicional como relato colectivo.
Aprendí a conocer, interpretar y recrear torbellinos, rumbas y merengues campesinos, entendiendo que
cada gesto guarda la memoria de una comunidad.
Los hitos de mi trayectoria
De esos recorridos nació una certeza que se volvió destino. En 1980 fundé mi grupo artístico Los
Danzantes Danza-Teatro, un espacio de creación escénica que buscaba explorar nuevas formas de
llevar el baile tradicional al escenario, integrando dramaturgia, composición coreográfica y elementos
teatrales.
Con el tiempo comprendí que el trabajo artístico también debía proyectarse hacia la gestión cultural.
En 1990 replanteé los objetivos del grupo, transformándolo en Los Danzantes Industria Creativa y
Cultural, ampliando su campo de acción hacia la organización, la producción y la circulación de
proyectos dancísticos.
Ese mismo año funde el Foro de Expertos en Danza, punto para la formación y reflexión concebido
para que maestros, coreógrafos, docentes y bailarines pudieran encontrarse, compartir saberes y
construir conocimiento colectivo. A lo largo de sus múltiples versiones, el Foro se ha consolidado
como un escenario de pensamiento crítico y cualificación para el sector.
En 1993 inicié una exploración escénica que proponía mirar la danza desde la intimidad de dos
cuerpos. La pareja dejó de ser solo una estructura tradicional para convertirse en un formato creativo
capaz de desarrollar narrativas coreográficas más precisas y poéticas.
En 1995 asumí la responsabilidad de ser el primer gerente del Área de Danza del Instituto Distrital
de Cultura y Turismo (IDCT) de la Alcaldía Mayor de Bogotá. Durante nueve años impulsé
procesos de organización sectorial, circulación artística y democratización del acceso a la danza. De
ese periodo surgieron iniciativas de gran impacto ciudadano que permitieron posicionar la danza en
escenarios públicos y fortalecer la vida cultural de la ciudad.
En el año 2000 fundé la Red Internacional de Festivales de Danza en Pareja, una plataforma de
cooperación cultural que ha promovido la circulación de bailarines, maestros y coreógrafos en
diferentes territorios. Este modelo de gestión, ágil y accesible abrió oportunidades para nuevos
creadores y contribuyó al fortalecimiento de la danza en modalidad de pareja en el ámbito
latinoamericano.
En 2003 concebí los Récords de Danza, eventos de gran formato que convocaron a numerosos
bailarines, escuelas y agrupaciones de distintas regiones del país. Más que una hazaña escénica, estos
encuentros se convirtieron en experiencias colectivas de celebración del movimiento y de
reconocimiento del trabajo artístico.
En 2010 incursioné en el ámbito digital con Voces de la Danza, una plataforma sonora que surgió
cuando el formato podcast apenas comenzaba a difundirse. A través de entrevistas y conversaciones
con artistas y gestores, este proyecto ha contribuido a preservar la memoria del sector.
Posteriormente, en 2017, amplié esta exploración con DANZAvirtual, una iniciativa audiovisual
dedicada a registrar y difundir la historia, las reflexiones y las experiencias de la danza a través de
medios digitales.
Roles en el campo de la danza
A lo largo de mi trayectoria he desempeñado diversos roles dentro del campo de la danza:
Creador escénico, desarrollando obras de danza-teatro inspiradas en la tradición folclórica
colombiana.
Investigador, mediante el trabajo de campo en comunidades rurales y el estudio de las
prácticas culturales del baile tradicional.
Formador, a través del Foro de Expertos en Danza y de procesos pedagógicos orientados al
fortalecimiento del sector.
Gestor cultural, impulsando políticas, redes de cooperación y proyectos de circulación
artística.
Productor y organizador de eventos, promoviendo festivales, encuentros y plataformas de
participación colectiva.
La investigación como compañera de camino
La investigación ha caminado siempre a mi lado como una compañera silenciosa que da profundidad y
sentido a cada paso de la danza. No la he vivido como un ejercicio distante, sino como una forma de
escuchar los latidos del sector, de comprender sus transformaciones y de proyectar nuevas
posibilidades para su desarrollo.
A lo largo de más de cuatro décadas, mi trabajo ha buscado articular creación, formación, gestión y
circulación, contribuyendo al fortalecimiento del ecosistema de la danza y a la construcción de redes
de colaboración entre artistas, instituciones y comunidades.
Creo profundamente que la danza no es solo un arte del movimiento, sino también una forma de
construir memoria, identidad y futuro.